Fortaleza de Kuélap

Kuélap es un importante sitio arqueológico de Perú construido por la civilización Chachapoyas. Es un conjunto arquitectónico de piedra de grandes dimensiones, ubicado en lo alto de una montaña y famoso por la altura de sus muros. Kuélap está en la margen izquierda del río Utcubamba, en la provincia de Luya (región Amazonas ) . Su construcción dataría aproximadamente del año 1000, cuando la cultura Chachapoyas experimentaba un período de florecimiento.

Algunos autores consideran que Kuélap fue una fortaleza militar. Federico Kauffmann Doig al estudiarla cree que este monumento no fue una fortaleza, sino un centro de administración de la producción de alimentos y del culto destinado a favorecerla y tambien se cree que simplemente fue una Ciudad Fortificada.

Este monumental exponente de la arquitectura de los chachapoyas permaneció virtualmente ignorado hasta 1843. La razón estriba en lo poco accesible de la zona boscosa y lluviosa en la que se encuentra. En el año referido, al realizar una diligencia en la zona, Juan Crisóstomo Nieto, juez de Chachapoyas, pudo admirar su grandeza guiado por lugareños que ya conocían el sitio arqueológico . Con posterioridad, Kuélap mereció la atención de algunos estudiosos y curiosos en materia de antigüedades. Entre ellos descuella el francés Louis Langlois que lo analizó en la década de los años 1930, y Adolf Bandelier que lo describió con anterioridad.

Las ruinas de Kuélap están ubicadas en las siguientes coordenadas: 6º 24‘ 26“ de latitud sur y 77º 54‘ 16“ de longitud oeste, de acuerdo con el registro aportado por el ingeniero Hernán Corbera. La zona es boscosa y lluviosa. Por un sendero empinado que parte de El Tingo, poblado cercano al la ribera del Utcubamba y situado a 2.000 msnm, se accede al sitio luego de una caminata que debe cubrir unos 8 kilómetros, tramo aparentemente breve pero en el que el caminante se ve forzado a ascender, en tan sólo una tres horas, unos 1.000 metros. Sin embargo, es también posible el acceso por troca carrozable que serpentea por la margen izquierda del río Tingo y que, luego de cruzarlo, permite alcanzar, en unas 4 horas de viaje, la pequeña planicie de Marcapampa, situada en las proximidades del monumento.

El sitio de Kuélap, que se encuentra ubicado a poco más de 3.000 msnm, se carateriza por su condición monumental. Está constituído por una gran plataforma, orientada de sur a norte, que se asienta sobre la cresta de roca calcárea en la cima de una alta montaña. Su construcción debió demandar esfuerzos físicos de grandes proporciones. La plataforma se extiende a lo largo por casi 600 metros y está sostenida por una muralla que se eleva hasta por 19 metros.

Sobre la plataforma se levantan, hacia uno de los lados, un segundo y tercer andenes y más de 400 recintos, en su mayoría de planta circular. De la mayoría de éstos sólo quedan las bases. En algunos casos, los recintos presentan paredes ornamentadas con frisos de contenido simbólico que, por lo general, parecen evocar ojos y aves que toman la forma de una "V" en cadena. Los recintos en mención no fueron, al parecer, viviendas sino depósitos de comestibles para que la población no sufriera por la falta de alimentos en años aciagos, cuando la región era azotada por fenómenos naturales (como las catástrofes desatadas por el fenómeno del Niño). Los campesinos, por otro lado, debieron morar en los campos adyacentes al monumento y siendo sus viviendas frágiles, éstas no han resistido los embates del tiempo.

Entre las muchas construcciones existentes en Kuélap tres son las estructuras que más destacan: El Tintero, La Atalaya y El Castillo.

El Tintero está situado en el extremo sur del gran andén y se caracteriza por ser un torreón circular en forma de cono invertido, verdadero desafío a las leyes de gravedad. La Atalaya, conformada también por un torreón, se ubica en el extremo norte de Kuélap. El Castillo, por su parte, es una construcción presente en el sector más conspícuo de Kuélap y destaca sobre el andén superior. Probablemente, el conjunto de El Castillo fue morada del jerarca y de los altos dignatarios del lugar.

El acceso a la primera plataforma era posible sólo ingresando por dos portadas, ambas ubicadas en la fachada este o principal; una tercera portada, ubicada al costado de un despeñadero que da al oeste, más que entrada debió ser "salida" al precipicio; ello nos lleva a suponer que podría haber sido el acceso a un lugar de sacrificios.

La portada mejor conservada y probablemente la principal, se ubica en el lado sur del frontispicio que da al este. Alcanza, en su base, tres metros de ancho y sus jambas se angostan al elevarse por unos 10 metros. Para permitir el acceso a la plataforma ya citada, esta portada necesariamente cala en el andén, cortándolo cual si se hubiera retirado un "pedazo de torta": acaso simbolice una inmensa vulva.

Al internarse el visitante, esa entrada lo conduce a un pasaje con forma de rampa que asciende flanqueada por altas paredes, lo que le confiere el aspecto de un "callejón". Éste va angostándose a lo largo de un recorrido de 20 metros, hasta permitir, en su tramo final, el paso de una sola persona por vez, por una especie de angosto túnel. Aunque en el sector de la entrada las jambas terminan casi tocándose en su extremo superior, las paredes que flanquean el pasaje convierten a éste en una especie de "Callejón" sin techo en el que las paredes se inclinan hacia el interior a medida que van elevándose.

Es evidente que Kuélap es un monumento anterior al Imperio Inca. Considerando su carácter monumental, es indudable que debió desempeñar un papel protagónico en el pasado de la cultura chachapoyas. En efecto, la arquitectura de Kuélap es, en términos generales, la misma que se halla dispersa en el área cultural de los chachapoyas. Lo que no se ha podido precisar hasta ahora es qué momento del largo proceso de desarrollo de la cultura chachapoyas, cuyos inicios podrían remontarse al siglo VIII, fue levantado el monumento de Kuélap. Asimismo se desconoce el tiempo que perduró su florecimiento y cuándo y por qué fue abandonado.

Hay otros aspectos que no han podido ser dilucidados como el transporte de los bloques de piedra hasta lo alto de la montaña y la habilidad de los arquitectos involucrados en la construcción que supieron dotarla de un sofisticado sistema de drenaje de agua de las lluvias. En la actualidad, por estar obstruidos sus ductos, el monumento se ha ido "hinchando". Al dilatarse la gran plataforma, las piedras de las murallas que la revisten van desprendiéndose. Tampoco ha quedado aclarado cómo se llevaba el cabo el suministro de agua para sus moradores; tal vez algunos de los recintos carentes de acceso hayan servido como reservorios. Los demás recintos, en su gran mayoría debieron ser almacenes de alimentos a manera de los tambos incaicos, en los que se solía edificar un conglomerado de graneros.

En cuanto a la función que cupo a Kuélap, también se carece de una respuesta del todo satisfactoria. Popularmente el monumento es calificado de "fortaleza", por su ubicación, por la solidez y altura de sus muros. Adolf Bandelier, y especialmente Louis Langlois, trataron de demostrar que Kuélap, más que fortaleza, habría podido ser un lugar fortificado destinado aservir de refugio a la población en casos de emergencia. Le atribuyero, probablemente por analogía, el mismo papel que desempeñaron los burgos en la Europa medieval.

Los altos muros que enchapan la plataforma y la estrechez del acceso a la ciudadela en su tramo final, sugieren, en efecto, que el monumento de Kuélap pudo construirse con miras a servir como reducto defensivo, o que por lo menos debió ser un sitio protegido de los intrusos. Pero esta posibilidad no necesariamente anula otras interpretaciones, acaso de mayor trascendencia.

Así, tomando en cuenta la función desempeñada por la arquitectura monumental en el pasado arqueológico peruano en general, la cual estuvo relacionada con las necesidades socioeconómicas motivadas por el medio, puede concluirse que Kuélap pudo básicamente ser un santuario preincaico en el que residía una poderosa aristocracia cuya misión primaria era administrar la producción de los alimentos, recurriendo para ello al mando y a prácticas mágicas, a fin de contar con la colaboración de los poderes sobrenaturales que gobernaban los fenómenos atmosféricos, que de no ser bien honrados podían hacer llover en exceso o azotar a los hombres con sequías que pudieran hacer peligrar su existencia.



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