Epoca Incaica

Dos son las leyendas míticas más conocidas de donde se hace nacer al imperio Incaico, uno de los más grandes de la tierra, los restos de cuyas obras perduran hasta ahora sombrando al mundo.

Según la primera leyenda, Manco Cápac, acompañado por su hermana y su esposa, Mama Ocllo, salió del lago Titicaca con el encargo del dios sol de fundar una ciudad para civilizar a los hombres; portaba un cetro que se hundió en Hauanacaure, y allí decidió fundar la ciudad del Cuzco.

La otra leyenda dice que Ayar Manco, Ayar Cachi, Ayar Uchu y Ayar Auca, salieron con sus con sus esposas de una cueva de Tamputoco, y en un accidentado recorrido en el que pasaron muchas aventuras, tres de ellos quedaron convertidos en piedra y el sobreviviente, Ayar Manco, se convirtió en el jefe único.

Como quiera que se interpreten estas leyendas y otras que se conocen, el hecho real es que llegados de otras regiones los incas fundaron allí una ciudad que se convirtió en el centro de irradiación de un imperio que con los siglos llegó a ser más extenso que el imperio romano.

La tradición atribuye a Manco Cápac el trazado de la ciudad, en la que se establecieron varias agrupaciones que con el tiempo se multiplicaron y dividieron en dos sectores que se denominaron Hurin Cuzco y Hanan Cuzco, de acuerdo con las dos partes en que fisicamente estba dividida la ciudad, el Cuzco Alto y el Cuzco Bajo, respectivamente, divididoa por el camino de Antisuyo.

Convertido el Cuzco en asiento de una nueva civilización, creció en magnificiencia y esplendor como sede del poder imperial a medida que l imperio progresaba y se extendía por los 4 puntos cardinales hasta abarcar un territorio tan inmenso como no tuvo antes ningún otro imperio de la antiguedad.

El Cuzco de los incas fue un Cuzco lleno de palacios en el qu el oro resplandecía haciendo contraste con la severa prescencia de la piedra.

Los incas establecieron un gobierno teocrático. Todos estaban sujetos al inca. Al nacer cada individuo recibia un topo de tierra, que tenía que cultivar dando una parte para el sol, otra para el inca, y otra para él.
Grandes depósitos en todo el imperio acumulaban los productos a manera de silos para aprovechar las épocas de abundancia en las de escasez.

La tierra era la sagrada Pachamama, y se le rendía culto casi diario y se le trabajaba por medio de formidables obras de ingeniería hidráulica hasta en los más inaccesibles lugares.

Los caminos imperiales, de los que todavía quedan algunos restos, recorrían todo el imperio que abarcaba desde Loja (Ecuador) hasta el río Maule (Chile) y las pampas de Tucumán (Argentina).

En el imperio incaico no existía la pobreza, pero en cambio existía "una alegría triste" sin libertad, pues nadie podía moverse de su lugar sin una orden especial.