La expedición para el descubrimiento del Amazonas

Luego de conquistar la región de Charcas, y sofocada la rebelión de Manco Inca, Gonzalo Pizarro, que se encontraba en el Cusco, fue comisionado por su hermano Francisco a efectuar la conquista del legendario Dorado.

Al efecto armó una expedición que contaba con la participación de más de 200 españoles e indios auxiliares, la misma que partió del Cusco, a principios de 1540, debiendo penetrar por Huánuco o Chachapoyas a la selva, pero no lo hicieron, sino que siguieron hasta Quito, puesto que Gonzalo pensaba que esta sería la mejor entrada hacia el país de la canela o el Dorado.

A fines de febrero de 1541, Gonzalo Pozarro con más de 300 españoles y 4000 indios auxiliares, que habían engrosado la expedición, iniciaron su marcha hacia la selva. En el trayecto tuvieron que atravesar las serranías y las punas cordilleranas en donde hallaron la muerte muchos españoles y los mismos indios, a lo que sumó los estragos de un tremendo terremoto que tuvo lugar en aquel tiempo.

Ya en la vertiente oriental, el clima cambió, "el calor sofocante de los enmarañados bosques, reemplazó el helado frio de la serranía. Bajo un diluvio de aguaceros, por más de seis semanas avanzaron los castellanos por aquellas quebradas y tenebrosas sinuosidades. Los naturales de la floresta les dieron noticia acerca de la situación de una tierra feracísima y con abundante oro. Los famélicos castellanos siguieron adelante, y, extenuados ya, tocaron las aguas del anchuroso río Napo. Siguieron el curso de este río y acosados por el hambre y debilitados por la fatiga, resolvieron construír un barco.

"Los gigantescos árboles les proporcionaron madera y los herrajes de sus caballos, clavos; la resina, la brea y los andrajosos vestidos sirvieron como estopa. Tardaron dos largos meses en construír el bergantín, reanudóse el viaje a lo largo del Napo. Finalmente, Pizarro hizo un alto y envió a Francisco de Orellana para que buscara provisiones siguiendo siempre el curso del Napo".

Con esta finalidad partió Orellana acompañado de cincuenta soldados y el 12 de febrero de 1542, se encontró navegando en un río inmenso, semejante a un mar de agua dulce; era el río Amazonas y él lo había descubierto. Como no podía volver atrás porque la corriente se lo impedía, decidió seguir el curso del río y, así, llegó al Atlántico, trasladándose, después, a España. Por su parte Gonzalo Pizarro al ver que Orellana no retornaba, decidió regresar a Quito a donde llegaron unicamente 80 españoles después de sufrir una serie de penalidades.



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