La independencia en el Cusco

Acorde con su destino histórico fue el aporte que Cusco dió a la independencia nacional. Uno de los sucesos más trascendentales de América en el virreynato fue la rebelión de José Gabriel Condorcanqui, casique de Tungasuca, Túpac Amaru II, contra las autoridades españolas.

El amor por la libertad no decayó nunca en los cusqueños y una buena prueba de ello es la gran rebelión que en 1814 encabezó Mateo Pumacahua, también como Túpac Amaru, de noble estirpe y que al servicio de las milicias del rey había alcanzado el grado de coronel.

Si bien estos dos caudillos son los más significativos por la envergadura de los movimientos revolucionarios que encabezaron, la historia conserva el recuerdo de otros patrióticos esfuerzos emancipadores, tales como las conspiraciones de Aguilar y Ubalde en 1805 y la de los hermanos Angulo en 1813. Todos pagaron con su vida su amor a la libertad, los dos últimos en la revolución de Pumacahua a la que se habían unido.

Día de gran regocijo fue para el Cusco la llegada el 24 de diciembre de 1824 del general Gamarra al frente de las huestes libertadoras, después de la victoria de Ayacucho. Después hicieron su ingreso los generales Sucre, Miller, La Mar y Cordova, que fueron agasajados con un memorable banquete.

En 1825, Cusco se conmocionó también con la llegada del libertador Simón Bolivar. El primero de junio fue recibido en los limites del Departamento por el prefecto y personas destacadas de las actividades públicas y privadas. La visión de Bolivar hizo que, viendo la importancia del Departamento del Cusco, concibiera dos grandes caminos que pusieron en comunicación a este Departamento y a Puno con la costa.

Ordenó de inmediato que se hicieran los estudios pertinentes, pero los transtornos políticos de época hicieron que el ideal del libertador cayera en el olvido.

Miles de gentes de todos los pueblos del Cusco se volcaron a los caminos para ver el paso del libertador que avanzaba entre vítores, recibiendo el homenaje de todos los pueblos que cruzaba.

Su ingreso a la vieja capital del imperio fue verdaderamente apoteósica, el 25 de junio de 1825. Ricos presentes de oro, brillantes y perlas recibió Bolivar en el Cusco y luego los repartió entre sus oficiales.



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