La celebración del Inti Raymi

El Inti Raymi fue sin duda la más espectacular de las celebraciones en los tiempos de los Incas. Estuvo destinada a rendirle culto al Sol y se llevó a cabo el 21 de Junio de cada año (solsticio de invierno) en la plaza principal de la ciudad del Cusco.

Su gran importancia se debió a que en la mitología andina se consideraba al pueblo Inca como descendiente del dios Sol por lo tanto debía rendírsele pleitesía con una celebración suntuosa. Además, la fiesta era llevada a cabo al final de las cosechas de papa y maíz a modo de agradecimiento por las abundantes cosechas; o en su defecto, para pedirle mayores cosechas en la próxima temporada.

Por otro lado, los Incas sabían que en el solsticio de invierno la Tierra se encuentra en el punto más lejano del Sol, temiendo que los abandonase los incas realizaban estos enormes rituales para pedirle al Sol que no los dejara.

Los historiadores creen que la ceremonia era iniciada en el Coriancha (principal templo de los Incas en la ciudad del Cusco) en presencia del rey Inca, representantes de la nobleza, los sumos sacerdotes y las acllas o "vírgenes del sol".

Los rituales eran iniciados al amanecer en el templo del Sol frente a un disco gigante de oro que era la representación del Dios Inti o Sol. Una vez terminados los primeros rituales, el rey Inca se dirigía con toda su comitiva a través del "Intik'iqllu" o "Calle del Sol" (hoy calle Loreto) hacia la plaza principal de la ciudad para presenciar el sacrificio de una llama.

El Sumo Sacerdote debía efectuar el sacrificio de una llama completamente negra o blanca y con un cuchillo ceremonial dorado denominado "Tumi" debía abrir el pecho del animal y extraer con las manos el corazón palpitante, los pulmones y vísceras para mediante la observación de dichos órganos poder predecir o pronosticar el futuro. Posteriormente el animal y sus vísceras eran completamente incinerados. Después del sacrificio, el Willaq Uma (sumo sacerdote) debía reavivar el "Fuego Sagrado" que había sido extinguido antes de las fiestas, para esto el sacerdote colocado frente al Sol debía recibir sus rayos en un medallón dorado y cóncavo que además contenía algún material combustible para así producir el fuego que debía conservarse durante todo el año siguiente en el Qorikancha.

Finalizados los rituales empezaban las fiestas con danzas, música y la infaltable "chicha" (bebida alcohólica a base de maíz).



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